miércoles, noviembre 18, 2009

She was a violin

A veces hago regalos... o.o

Por los buenos ratos y los que quedan. Por ser tan dork y por tus prontos raros de amo a todo el mundo y por ir colocaaaaaaaaada de amor.

Tu regalo, Ana :3



He de dar gracias a y a por dejarnos a sus personajes ;)

martes, noviembre 17, 2009

Dibus, dibus, dibus

Practicando con photoshop y desempolvando dibujos viejos (ambos de 2007) ha salido esto :D





El lineart del segundo canta mucho pero lo mejoraré :3

domingo, noviembre 08, 2009

Memes de series

Bueno mi flamante compañera de piso [info]marycarter ha subido este meme y como soy una envidiosa pues lo subo también xD

La peor serie nueva:

Glee. Lo siento, Glee!tards, pero no soporto la serie xD

La mejor serie nueva:

FlashForward

Qué series has abandonado esta temporada:

Creo que ninguna.

Qué serie crees que deberías haber abandonado ya:

Ninguna?

Cual abandonaste y ahora piensas que deberías haber aguantado:

Lost xD

Qué series ves a ritmo USA:

Todas las que se emiten actualmente (y que yo sigo)

Otras series que veas actualmente:

That 70's show. Y la veo por frikismo porque uno de los actores es la cara que escogió una amiga para su personaje de rol xD. (Hola Mike)

Qué estreno (nuevo) esperas con más ganas:

La nueva temporada de True Blood? Hmm no sé.

Cuáles esa serie de la que nadie habla pero que tú siempre intentas recomendar:

Pushing Daisies.

Qué serie esperas con más ganas cada semana:

Supernatural.

Tu cancelación más dolorosa:

Pushing Daisies

Personaje femenino que te vuelve loc@ actualmente:

Morgana. Pero no puedo ser imparcial, Morgana es un personaje que me ENCANTA hasta límites enfermizos.

¿Y masculino?:

Hola Dean :D

Ese actor o actriz que hace que veas una serie, aunque no te llame nada:

Dominic Monaghan. Es por él por el que empecé a ver FlashForward. Y Joseph Fiennes, pero menos (le amo por El Mercader de Venecia)

¿Eres de drama o de comedia?:

Ambos.

¿Esa serie que tanto te cuesta defender?:

Pushing Daisies, y un poco True Blood.

Y esa otra que muchos defienden y tú no lo comprenderás:

Glee xDDDDD

La de: ¿Debería darle una segunda oportunidad?:

A Lost.

Qué serie ves una y otra vez sin cansarte:

Podría decir Bones, Supernatural, El Mentalista, Heroes, The Big Bang Theory, How I met your mother...

miércoles, octubre 28, 2009

Beatha: Sonrisa

Capítulo nuevo, wooo (no os acostumbréis, por si acaso xD) Ubicado en... diciembre del 2010 :D (después de Perseverancia y antes de Secretos). Agradecimientos a la buena de mi beta, [info]maya_takameru . Las donaciones al final, tenemos que hacerle la estatua.

A ver qué os parece :D


BEATHA: SONRISA

Veintitrés de diciembre de 2010. Final de la carrera. El último examen acaba de finalizar y Sam estira los brazos mientras gruñe apaciblemente. Se queda esperando en la puerta, apoyado contra la pared. Se mete las manos en los bolsillos de la sudadera roja y luego palpa en su bandolera, donde tiene los apuntes. Desearía tener un chicle o algo que hacer con las manos, está nervioso.

La suerte ya está echada.

Liam sale el último, pero no es como si le sorprendiera a estas alturas. Parece agotado. El pelo le cae por la cara, tal y como lo llevaba antes. Ha tardado quince meses en recuperar la longitud de antes. No es que no fuera divertido verle con el pelo de punta cuando le empezó a crecer tras raparse la cabeza, pero parecía otra persona.

- ¿Qué tal ha salido? -le pregunta. La mirada de Liam se dirige hacia él, detrás de sus ojeras, y deja escapar algo cercano a un resoplido.

- No preguntes -dice con voz rendida, arrastrando las palabras. Conociéndole, lleva sin dormir más de cuarenta y ocho horas- No quiero pensar en ello.

Sam sonríe y le echa el brazo por encima, zarandeándole un poco. En ocasiones normales Liam le lanzaría una mirada asesina y le clavaría su afilado codo entre las costillas, pero no parece ser el caso, así que aprovecha el momento.

- Pues vamos a emborracharnos, es el mejor remedio. Nos vamos a la taberna del campus y nos remojamos el hígado en alcohol, ¿te apetece?

- Nunca he ido a la taberna. No es zona permitida -comenta, con el ceño fruncido. A Sam le dan ganas de besarle la arruguita que le sale entre las cejas cuando hace eso.

- Hemos terminado todos los exámenes. Ahora sí podemos ir.

Masculla algo entre dientes que parece un "de acuerdo" y Sam le guía hasta la tasca. Tampoco ha ido nunca, pero se ha informado de dónde está en las instalaciones. El número de personas se incrementa paso a paso a medida que se aproximan. Estudiantes normales de la Ollscoil Draíochta, sin programa especial que celebran el fin del trimestre. El ambiente es como un mundo aparte en el que se han sumido durante todo el curso. Hay gente hablando en voz alta y carcajadas por todos los rincones. Para nada similar al claustro donde han estado ellos durante setenta semanas.

Encuentran un sitio medianamente tranquilo -Liam gruñe y mira hacia las mesas más ruidosas como un perro viejo- y Sam pide la primera ronda. Le pone la pinta delante.

- No sé si te gusta la cerveza negra. Si eres abstemio...

- Bebo -responde McCubbin, mirándole ceñudo, como si fuese obvio. Pero no es obvio en absoluto; Liam es tan sumamente raro a veces que no le sorprendería que no probase el alcohol. Y no sólo por la enfermedad de la que sufre y de la que se supone que no sabe nada, sino también por sus manías. Quince meses de vigilancia continua han dado para conocerle mejor de lo que ya le conocía. Y se ha dado cuenta del cambio de los últimos meses, desde Beltaine. Sabe que algo no marcha bien en él, pero que lo está superando. Y que se lo lleven los demonios si él no tiene nada que ver en ello.

- Te invito, por cierto.

Y Liam hace una mueca con la boca. Algo que parece el intento de una sonrisa.

- Creo que es conveniente, sí. No he traído dinero a la universidad. Compré los libros, el papel y la tinta antes de venir.

- Lo de llevar un poco más por si las moscas no es lo tuyo, ¿verdad? -bromea Sam.

Liam levanta las cejas y adopta ese aspecto de mártir tan propio de él.

- No pensé que fuera a celebrar mi último examen. Se veía tan lejos...

- Si te sirve de consuelo, yo lo veía improbable. Tenía asumido que iba a suspender en el primer examen y me iba a tener que largar.

La conversación se congela durante un buen rato, donde sólo beben y miran a los demás. Sam vuelve a romper el silencio entre ambos porque se aburre y tiene nervios post-examen y casi parece que Liam va a entrar en coma de un momento a otro.

- ¿Estás cansado?

- Un poco. Pero quiero cenar antes de irme a dormir.

La poción que toma por la cena, supone. De no ser así, está seguro que Liam habría marchado de cabeza a la cama. Y eso que apenas son las cuatro.

- Seguro que podremos comer algo por aquí, si tienes hambre.

- No te preocupes, esperaré a la cena.

- Sólo tienes que pedir. No me importa invitarte.

Liam murmura algo en voz baja. Más bien balbucea, o lo intenta. Es una respuesta vaga, pero Sam entiende lo que quiere decir. Que esperará a la cena para ir a dormir. Pero no ha dicho que no a invitarle a comer algo, así que se acerca a la barra a pedir unos sandwiches.

Cuando vuelve, Liam está medio ido, casi dormitando, tumbado contra la pared de madera. La ventana está justo detrás y la luz resalta sus ojeras. A ese chico le hace falta una buena dosis de cama, en el sentido inocente de la frase. El pelo castaño le enmarca la cara, levemente alborotado por la humedad del clima, y las pestañas se le ven casi rubias al contraste con la luz. Lleva puesta su trenca azul oscuro -que, para qué mentir, le queda de muerte- con las solapas del cuello hacia arriba para abrigarse mejor. Por el calor de la taberna tiene la nariz y las mejillas enrojecidas y Sam desea, quiere, necesita, enmarcar ese momento. Literalmente. Cuando Liam se da cuenta de que ha vuelto se vuelve a erguir y le medio sonríe de nuevo como saludo.

- No creo que sea la compañía más vivaracha en estos momentos.

- Qué dices, yo también estoy hecho mierda, ¿qué te crees? Lo que pasa es que me he dopado de café esta mañana. Y además estoy en estado de histeria.

- No puedes estar en estado de histeria.

- ¿Cómo que no? ¿Y eso por qué?

- Porque no tienes útero.

La respuesta le hace reír. Le suena a chiste malo, pero la falta de sueño incrementa su risa fácil. Liam suele tomarse siempre las cosas en sentido literal.

- ¿Y tú qué sabes? Soy toda una locaza.

- Oh, sí, lo había olvidado.

La sonrisa se le estira en la cara. ¿Es él o Liam le está siguiendo la broma? Le hace sentirse increíblemente feliz.

- ¿Cuál es el remedio a su diagnóstico, futuro doctor? -pregunta con soniquete.

- La masturbación, por supuesto.

Lo más hilarante de todo es que Liam contesta serio, justo antes de agarrar la pinta con gesto solemne y brindar en silencio en su dirección antes de darle un trago.

- Me pondré a ello cuanto antes. ¿Sabes que las pacientes iban al médico a ser tratadas de histeria?

- Oh, pues yo no. Cada uno que se cure en su casa.

- Vaya matasanos más soso vas a ser.

- No soy soso, soy precavido. A ver si luego van a venir las pacientes diciendo "A mí me cura mejor", "No, a mí me cura más", y no quiero problemas. Si tengo que masturbar a pacientes en el trabajo prefiero cobrar un extra.

- Tú di que sí, Liam, que de médico a chapero hay un paso.

- ¿Qué es un chapero?

- Nada, un tío que trabaja con chapas, no te preocupes. Era un comentario aleatorio.

El aludido le gruñe, sabedor de que le está tomando el pelo, pero lo deja correr. Seguramente acaba de apuntar la palabra mentalmente para buscarla luego en un diccionario. Es fácil burlarse de él, sólo hay que utilizar palabras un poco más coloquial en inglés o usar alguna expresión pintoresca, que no entenderá nada. Puede considerarse totalmente su mentor en lo que a jerga se refiere.

Se hace con uno de los bocadillos y mastica algo distraído. Lo cierto es que a él le hace tanta falta una cama como a Liam. No va a echar nada de menos las horas estudiando como un animal, los madrugones para repasar apuntes y las horas de sueño perdidas.

Se quedan mirando a la gente, que viene y va. Casi todos en grupos. Ambos se sienten extraños con respecto a los demás. Es como si hubieran envejecido. Están allí, reventados por el sueño, por el estudio hasta la extenuación durante cuatrocientos noventa días, mientras los estudiantes que hay en el local conversan entre ellos con una relajación que se les hace casi irreal. Es como si la gente de allí todavía pudiera permitirse ser niños. Ellos están a las puertas del mundo adulto y ya no hay marcha atrás. No puede ser que los exámenes ya se hayan terminado, que no haya más. Es como un abismo bajo sus pies, en donde sabe que tiene que saltar tarde o temprano. Y para ellos es más temprano que tarde. Es hora de empezar un nuevo camino.

Sam siente en el estómago el mordisco del miedo.

- Oye, Liam, ¿y ahora qué?

- ¿Qué de qué?

- ¿Qué va a pasar ahora? ¿Qué harás? ¿Volverás a casa y todo eso?

- Supongo. Tendré que empezar a buscar trabajo y demás. ¿Tú?

- Lo mismo. Iré a casa a pasar las fiestas en casa y a echar currículos como un loco. Creo que hay un programa de prácticas que está bastante bien.

- Sí, el de tres meses -dice, mientras se acerca el vaso para beber.

- ¿Sabes dónde es?

- Dublín -masculla. Tiene espuma sobre el labio superior. No por mucho tiempo, no tarda en limpiarse con la lengua. Sam no pierde detalle.

- Hmm. Tendré que informarme. ¿Es tan corto? -pregunta.

- Sí, está apoyado por la universidad y todo eso. Es en una clínica en las afueras. La dirigen sanadores. Es horario intensivo, pero supongo que a estas alturas no importaría mucho. De todas formas cuando den la última nota nos darán información de las salidas laborales y las prácticas. Lo más gordo está hecho pero ahora hay que hacer algún cursillo y demás.

- Ya. Supongo que sería una locura irse a trabajar a pelo. No me meto con una cirugía ni loco, por mucho que aprobase el examen.

Liam bosteza y aprieta los ojos para de librarse de la pesadez de sus párpados. Le lagrimean por el sueño y se le apelotonan las pestañas. Sam siente calidez en el pecho cada vez que tiene la oportunidad de ver a Liam de esa manera, sin barreras, sin estar en tensión o a la defensiva, preparado para contraatacar, ya sea con un puñetazo o unas palabras mordaces.

- ¿Entonces irás a Dublín? -pregunta. Es superior a él, necesita saber dónde estará para poder buscarle.

- Sí. Siempre y cuando me den la plaza de prácticas en la clínica, pero mis notas han sido buenas así que lo más probable es que entre.

- Joder, ¿va por nota? -cuando por fin había conseguido relajarse, vuelve a sentir el picotazo de nervios.

- Claro que va por nota. Los que tienen mejor nota van a tener prioridad a la hora de buscar su lugar de prácticas, especialmente si es un sitio bueno. Y esa clínica es bastante buena, por lo que he oído decir. Y son tres meses. Cualquiera los querría.

Sam siente que los ojos de Liam se posan sobre él y leen dentro de su cabeza.

- No te preocupes por la nota. Tus notas son casi tan buenas como las mías.

- Qué modesto.

- Soy sincero. En serio, podrás ir a la clínica si quieres.

- ¿Me estás dando permiso? Es todo un honor, Lombriz.

En algún momento durante los últimos meses el apelativo ha dejado de ser un insulto para convertirse en algo más bien afectivo. Liam resopla una risa por la nariz.

- Te estoy dando permiso -afirma.

- Me honra con su generosidad, señor.

- Sí, bueno, ya me he acostumbrado a soportarte.

- Es todo un alivio saberlo.

Tiene ganas de achucharlo y de atraparle la cabeza con el brazo y frotarle los nudillos por el pelo. Tiene ganas de empujarle una y otra vez hasta el cansancio y de pegársele como una lapa. Contradictorio, sí, pero la violencia es lo primero que le sale si tiene que reprimir lo que realmente quiere expresar.

- Tendré que ponerme a buscar piso, entonces -comenta Sam medio distraído. Hace un buen rato que tiene el sandwich en la mano sin hacerle caso, y al darse cuenta lo pone en el plato-. ¿Te veré de inmobiliarias?

Liam levanta las cejas y estira un lado de la boca antes de negar.

- Ya tengo casa.

- ¿Vas a estar en lo de tu hermano?

- No, mis padres compraron una casa para mi hace año y poco, en Dublín.

- ¡Qué jeta! ¿Cuándo dices que me iban a adoptar tus padres?

- En otra vida, McNamara -responde con suavidad.

- Oh, venga ya, estaba dispuesto a hablar con tu horrible acento norteño.

- No puede haber más de dos hermanos McCubbin -contesta, como si fuera obvio.

- Anda, ¿y eso? Creí que a los druídas -con druídas se refiere a las familias con larga historia druídica, no como a sí mismo- os gustaba eso del número tres. Por ser el número sagrado y tal.

Su compañero niega con la cabeza antes de hablar.

- El tres es un número demasiado perfecto para que nosotros pequemos de soberbia y tratemos de imitarlo. No somos dioses.

- ¿Entonces tener tres hijos es un insulto a los dioses? -Sam puede nombrar lo menos quince compañeros del Draíochta que tenían dos hermanos más.

- No es que sea un insulto. Es simplemente que no lo hacemos. No nos parece correcto. En mi familia, quiero decir. Cada familia es un mundo y tiene sus tradiciones.

- ¿Tenéis tradiciones? Te tenía por un tío normal en ese sentido.

- Pues no -de nuevo esa cara de mártir. Pero sabe que se está divirtiendo.

- Era demasiado bonito para ser verdad. ¿Qué más tradiciones de familia tienes? No te cortes con los detalles escabrosos.

- No muchas. Llevar el pelo medianamente largo, tocar un instrumento, lo de los dos hijos... El primogénito tiene que ser Fianna...

- Creí que tu hermano lo era por vocación. Y tu padre.

- No es que no les guste, no fue en contra de su voluntad. Tuvieron la suerte de que les gustaba eso, así que todos felices.

- Oh, pues mira, eso que salen ganando. ¿Y cómo es que te cortaste el pelo? También lo hiciste cuando estábamos en el colegio, si no recuerdo mal.

Liam se pasa la mano por el pelo inconscientemente. Parece un poco avergonzado, pero contesta de todas formas.

- Me... cabreé con mi familia.

- Joder, pues menuda forma de revelarse. En tu familia no se estila lo de volverse pandillero, ¿no? -bromea, y el ambiente vuelve a ser menos tenso.

- No me gusta eso de quemar contenedores. La basura quemada apesta.

- Brindo por eso -Sam le sigue la corriente y levanta la pinta. Liam le imita y chocan los vasos.

- ¿No se te hace raro? Haber terminado. Pasado mañana estaremos fuera.

Sam se estira en el asiento, extiende las piernas bajo la mesa y suelta un sonido nasal mientras tanto.

- Mucho. Todavía no he cumplido los veinte y ya he terminado la carrera. No lo volvería a hacer, ¿sabes? Meterme aquí año y medio y no parar. Pero me siento realizado. Quiero ver a mis padres, a mis hermanos, y a mis sobrinos. Y tengo muchas películas y series que ver. Espero que no tenga que ponerme a descargarlo todo como un loco y que mi hermano Ciarán se haya encargado de ello. Le dije que le cortaría las pelotas si no lo hacía.

- Veo que tienes mucho trabajo pendiente.

- Sí. Tirarme en el sofá a comer palomitas y rascarme las pelotas a dos manos mientras veo la tele. Tengo una agenda muy apretada. Me van a salir callos. "Mamá, mamá, estoy muy ocupado de todo lo que me pesan los huevos" -dice con voz aflautada.

En ese exacto momento escucha una carcajada y mira sorprendido al lugar del que procede. Liam. Es Liam

quien se ríe con la cabeza echada hacia atrás. Tampoco es que haya dicho algo graciosísimo, pero Liam toma aire y vuelve a reírse. Se ríe hasta que la cara se le pone totalmente roja y los ojos le brillan por las lágrimas. A Sam le entran ganas de llorar. Ha esperado mucho para volver a escuchar esa risa.

- Si lo llego a saber me meto a humorista, tío.

- Es mi mezcla de imaginación muy viva y sueño. Me lo he imaginado perfectamente y... -sí, la idea le hace mucha gracia porque vuelve a reírse y trata de calmarse bebiendo un poco.

- ¿Y tú? ¿Qué vas a hacer?

- Aparte de alguna que otra ceremonia ritual... sí, también es tradición -agrega-; veré a mi familia y empezaré a amueblar el apartamento. Tengo que llevarme un montón de libros que tengo guardados en la buhardilla de mi casa y tendré que comprar cosas. Es una zona no mágica, así que supongo que el menaje de cocina y todo eso...

- ¿Lo vas a amueblar a tu gusto?

- Bueno, supongo que acabaré yendo con mi abuela y ella elegirá y yo daré el visto bueno -sonríe.

- Es lo que suele pasar. A mis hermanos casados siempre les pasa.

- Hombre, yo es que no me fijo mucho si quedarían bien unas cosas con otras. Me fijo más en la función y su comodidad.

- No, si ya me he fijado. Tienes una forma de vestir... peculiar.

- ¿Tienes algo en contra de mi forma de vestir, Samhradhán?

- Que no sabes combinar. No te preocupes, mejoraremos eso. Ahora me tienes a mí para asesorarte.

- Soy un ser afortunado.

- No sabes cuándo -sonríe socarrón.

Liam apura su pinta y sube los pies al asiento. Sam estaba esperando que lo hiciera en cualquier momento. Lo hacía incluso en la biblioteca, con aquellas sillas que eran una herramienta de tortura medieval de la Inquisición o algo muy del estilo.

Mira el reloj. Las cinco y media. En un rato podrán empezar a dirigirse a sus cubículos a prepararse antes de cenar. Sam quiere hacer una pequeña hoguera con sus apuntes. Entonces se acuerda de algo que tenía preparado.

- Tengo un regalo para ti.

- ¿Eng?

Liam parpadea. ¿Un regalo? No se lo cree, y le ve ponerse a la defensiva en un segundo. Sam no cambia la expresión de la cara, sigue sonriéndole amistosamente. Mete la mano en la bandolera y saca una gorra de pastor en estampado tartan, de tonos verdes y azules.

- Para ti. Es mía, pero no me gusta llevar cosas en la cabeza, así que te la regalo.

- Si no te gusta llevar cosas en la cabeza, ¿para qué la compraste?

Sam se encoge de hombros.

- Me dio por ahí antes de venir a la universidad. Pero no la he usado y no planeo hacerlo. Me gustaría que te la quedaras. En plan... que ahora somos colegas y eso.

- No hace falta que me regales nada para eso.

- Ya, pero quiero que la tengas tú. Si no lo haces volveré al plan del colegio y te meteré el dedo mojado en la oreja.

Liam niega con la cabeza, como si no tuviera remedio, y luego asiente.

- Vale, me la quedo -y aprovecha para ponérsela. El flequillo casi le tapa los ojos- ¿Cómo me queda?

Está para comérselo.

- Te queda mejor que a mí, y eso ya es decir mucho, Lombriz. Con el abrigo te queda bien -Liam se reacomoda el pelo un poco para poder ver y se vuelve a poner la gorra-. Quería pedirte algo a cambio.

- Ya decía yo que había gato encerrado.

- Una foto. Me traje la cámara para hacer fotos al campus, a mi cuarto, como recuerdo, ¿sabes? Y querría que nos hiciéramos una foto juntos.

- Vale.

Liam le sonríe y él siente que se derrite. Está animado y se ha relajado de nuevo y él no puede pedir más. Saca la cámara y le pide a alguien -no presta atención a si es un chico, una chica, o uno de los camareros de la taberna- que les saque una foto y el flash los deslumbra por un segundo.

Un momento inmortalizado. Una amistad en crecimiento. Sonrisas. El brillo de unos ojos, vivos de nuevo.

lunes, octubre 26, 2009

Beatha: Secretos

Hola gente, aquí vuelvo a la carga con Beatha. ¿Lo echábais de menos? No estoy muy segura xD Pero el caso es que ha vuelto, y espero que las musas me vuelvan a visitar pronto.

Como siempre, dar las gracias a [info]maya_takameru por el beteo, que es una joya esta niña, y dedicárselo a [info]misspiruleta y [info]taconesrotos que llevan MESES esperando un nuevo capítulo. Aparición estelar de Éirinn, el personaje de [info]morwenn , que ahora tiene lj :D

Situémoslo en... primavera del 2011 :)

BEATHA: SECRETOS

Liam siempre había estado rodeado de misterio para él. Es lo que siempre le hizo tan interesante.

El día que se conocieron a Sam le atrajo su mirada sabia, como si supiera exactamente qué era lo que iba a pasar en cada momento, como si estuviese escrito en algún sitio y él lo hubiera leído. Cargaba con aquella mochila llena a reventar de la que sobresalía un catalejo de latón y se escuchaba el tintineo del cristal. En un primer momento creyó que era una niña, hasta que oyó a alguien nombrarle en la reunión de primer año. Llevaba un libro grueso y gastado bajo el brazo y le acompañaba aquella chica que, luego sabría, era fanática de la astronomía.

Empezó a caerle mal casi desde el primer momento. De hecho, era por el mismo motivo por el que Liam le llamó la atención el primer día: su forma de comportarse. Tan estirado, tan introvertido, tan poco elaborado a la hora de hablar. Si es que hablaba, porque a no ser que su amiga -más que su amiga, era su sombra- estuviera por allí o un profesor le preguntase, el muy condenado no abría la boca. No lo hacía conscientemente, pero su atención se enfocaba sólo en él cuando le oía hablar. Le intrigaba su voz, no era voz de niño. A Sam le recordaba un poco a la voz del Padrino, así como ronca, como si le doliese la garganta. Esperó un tiempo prudencial, por si era un problema de anginas o algo parecido, pero al pasar los meses y no haber cambios, lo agregó a la lista de misterios.

Otro detalle que le sacaba de quicio y habría matado por averiguar era qué era lo que decía. Sam no hablaba irlandés, tuvo que aprenderlo en el Draíochta. Y por lo visto, Liam no hablaba inglés o le importaba un pepino la gente. Le parecía maleducado. Él nunca había conocido a hablantes reales de gaélico y lo tenía por una lengua inútil y muerta. Y le veía -y oía, absorto en la musicalidad de las palabras y en su pronunciación, en la que con el tiempo distinguiría su marcado acento de Donegal y su vocabulario extraño- hablar todo el día en aquel idioma con profesores y con Éirinn, la lunática, como él la llamaba. Quería saber qué era lo que decía, qué podía ser tan interesante para hablar tanto con aquella chica y por qué. Por qué no hablaba con los demás. Por qué no hablaba con él. Él quería hablar sobre lo que él estuviera hablando, quería mantener conversaciones con alguien que sabía tanto como Liam. Pero Liam nunca le devolvía las miradas, que él le clavaba constantemente.

En las reuniones de bardos, el archidruída Buckley insistía en que se centrase en el violín y no en la flauta, como Liam quería. Se empecinaba en tocarla una y otra vez, como si quisiera matar al profesor de un ataque de nervios. Cada vez que el archidruída le sugería cambiar de instrumento Liam se aferraba a su flauta y le miraba ceñudo.

Morrison, que compartía cuarto con Liam, les comentó que nunca podían entrar al baño cuando estaba él, porque hechizaba al que asomase la nariz. No cerraba la puerta con cerrojo, sin embargo. Alguna vez lo habían espiado y le veían salir de la ducha y ponerse el albornoz corriendo, como si fueran a verle algo que no debieran. Como si fuera a tener algo diferente a ellos. Como si fuera una chica, o algo. Y a Sam cada vez se lo comía más la curiosidad por no saber lo que ocultaba. Le devoraba por dentro.

También estaban sus desapariciones y sus ausencias. De vez en cuando faltaba a alguna clase -lo que parecía de locos porque ese chico iba a clase como si le pagaran por ello- o pasaba días y días sin venir. Eso sí, volvía con todos los ejercicios hechos y los profesores le dejaban entregar los trabajos más tarde.

Nunca llegó a darse cuenta de cuán lejos iba su odio. Le odiaba por no hablar con él, por no acercarse, por no saludarle, por que su rasposa voz no se dirigiera a él. Por no quejarse cuando se acercaba con Minehane y Morrison para reírse de él o tirarle las cosas o pegarle. De no poder demostrar que había sido él cuando les caía un maleficio encima tras algún encontronazo.

Cuando llegó a la pubertad le odió aún más si era posible. Comenzó a odiar que se mordiera las uñas. Comenzó a odiar sus ojeras. Comenzó a odiar sus dedos delgados. Comenzó a odiar sus rodillas nudosas y sus piernas de palillo. Comenzó a odiar su piel blanca. La silueta de sus cejas, medio cubiertas por el flequillo. Y sus ojos marrones. Y sus pestañas. Y su nariz recta. Y la forma en que el pelo de la nuca se le rizaba levemente y parecía reírse de él porque no podía tocarlo. Comenzó a odiar el glasto con el que se pintaba espirales en el cuerpo en las fiestas de Beltaine. Comenzó a odiar el brillo de sus ojos cuando sonreía y el hoyuelo de su mejilla derecha. Comenzó a odiar la curvatura de sus labios. Comenzó a odiar a Éirinn, que pasaba cada minuto a su lado. Comenzó a odiar a Seán McCubbin, su primo, que le pellizcaba, le chinchaba o le revolvía el pelo siempre de broma.

Lo odiaba de la misma forma en que estaba, irremediablemente, colado por él. Y no podía soportarlo. Él, el séptimo hijo de una familia católica muggle, todos varones. Sus padres no aceptarían que le gustase un chico. Y detestaba a Liam por ello.

A los catorce Liam se cortó el pelo. Siempre lo había tenido por los hombros y ahora le llegaba por las orejas. Dejó de hablar con Éirinn y con su primo Seán. Dejó de hablar, en general. Iba de las clases al comedor, y del comedor a la biblioteca. Sam no perdía detalle de cada cosa que Liam hacía. Dejó de asistir a las reuniones de bardos y todo. Se lo encontraron inconsciente en uno de los pasillos de la biblioteca. Después de eso estuvo un mes fuera y nunca se supo por qué.

Y a pesar de todo lo que le hacía, todo lo que le torturaba, todo lo que le pinchaba, no conseguía un mínimo de atención hacia él. ¿Tan poco interesante era? ¿Tan vomitivo era? Pues por mucho que Liam no quisiese acordarse de él, él se encargaría de que lo hiciera. Y lo hacía. Constantemente.

Su cama olía a menta y la colcha estaba hecha a mano. Había una jarra de agua en su mesita y un soporte para viales. Fue su venganza, acostarse con Robert Foley en la cama de Liam. El pobre Robert nunca sabría que lo que le encendió fueron los ojos de Liam mirarle durante el segundo en el que entró a la habitación y se marchó tal como vino. Foley nunca llegó a darse cuenta, y Liam nunca lo mencionó.

Consiguió colarse en los archivos para buscar su expediente. Las mejores notas. Padre Fianna y madre Sanadora. Hermano mayor también Fianna, graduado con honores. Familia acomodada tirando a rica. Grueso historial de ancestros importantes. Y un aún más grueso historial médico. Aquella tarde lluviosa, escondido en un rincón, sentado en el suelo de piedra con aquella pequeña pila de pergaminos, Sam descubrió el secreto mejor guardado de Liam: su enfermedad. La inmunodeficiencia. Sus pulmones defectuosos.

Y con ello descubrió todos sus secretos: la aspereza de su voz, el cubrirse con el albornoz, las faltas de asistencia, su delgadez, sus ojeras, el tintineo de cristal en su mochila, su terquedad, su dificultad para encubrir su afección y, por tanto, su hermetismo, su cabezonería incansable a la hora de tocar la flauta.

Y, como si Liam supiera que lo había averiguado, un buen día desapareció. Completamente. Se esfumó y Sam comenzó a morirse de la preocupación. ¿Habría empeorado su salud? ¿Habría descubierto que lo sabía y por eso se había marchado? La que más le atormentaba era "¿Se habrá muerto?".

No lo averiguó hasta casi dos años después. Asistió al ritual de Beltaine en Donegal sólo por tratar de encontrarle, a él o a algún miembro de su familia. Estaba dispuesto a interrogarles. Y entonces le vio. A Liam. Con el glasto decorando su piel y su kilt verde y azul y sus botas de cuero suave. Con los brazaletes en los brazos y el torque rodeándole el cuello. Con el cabello trenzado. Y cuando le hubo analizado de arriba abajo no pudo sino percatarse de que iba de la mano de alguien. Un rubio alto, que tenía más pinta de turista que de otra cosa, iba cogido de su mano. De la mano que a él le hubiera gustado coger. Y decidió que a él le odiaría también.

Chocarse con ellos por error fue inevitablemente irresistible. Fue su forma de decir "Sigo aquí". "Estoy aquí, pedazo de gilipollas, ¿es que no te das cuenta? Siempre he estado aquí". Sin embargo a Liam pareció darle bastante igual. Ni le dedicó una mirada de desprecio. ¿Es que ya no se merecía ni eso?

Esa fue la última vez que lo vio antes de la universidad. Y para cuando lo volvió a ver habría deseado no haberlo visto nunca más. Le dolió en el alma ver en lo que se había convertido, un fantasma de lo que alguna vez fue. Estaba mucho más muerto por dentro de lo que había estado aquella vez a los catorce. Fue cuando decidió que la rabia y el menosprecio serían mejor que ese vacío que había en su mirada y trazó un plan. Ese plan devolvió la vida a sus ojos con el transcurso de los meses. La voz de Liam volvió a sonar, ronca y grave. Le vio llorar en Beltaine hasta dormirse. Comenzó a compartir sus pensamientos con él, a aceptar su compañía, a conversar durante horas. Y el día que le vio reír, ese día Sam lloró.

Liam siempre había estado rodeado de misterio, sí, pero ahora Sam era el guardián de sus secretos. Y el de los suyos propios, que nunca daría a conocer.

Bocetos

Hace tiempo que lo quería hacer, así que ahí va: un montón de dibujos improvisados de los míos de cuando me aburro (en clase, de viaje...), de estos rápidos a boli (algunos están coloreados entre clases xDDDDDDD


Primero, unos de Supernatural





Este, dedicado a Pol, que el día que la conoci en persona quería ponérselo de fondo en el movil y las fotos le salían borrosas :D



Pasamos a dibujos sobre Liam (Beatha), que soy una obsesa mental de mi propio personaje xD





Sam y Liam, dedicado a Ana y Noa :D







Este... este dibujo ME ENCANTA. Kink!Liam FTW



Y ahora un poco de todo xD

Esta es Larkir, una chica de una historia original que tengo en mente desde hace años (y que usé en unas partidas de rol) que quiere venganza de su familia, que la abandonó, y decide vivir como un chico mientras tanto :D





Estos son Amaro y Eddie. Amaro es un personaje mío de un fic del catapúm, Morwen se acuerda más de su amigo "Raikkonen" (nunca te acordabas del nombre, so berzas), y Maya también lo recordará (echo de menos a lucianillo :D). Eddie era su pareja en el foro de rol donde tenía a Amaro.



Ahora sí, dibujos random.



Esto me pasa por leer los libros de la Academia Spence xD



Quien no conozca a Cálico Electrónico que se vaya de mi flist :P






VENDETTA!



Estos son Hugo y Lua, dos personajes que creé para un comic en 2001 y que nunca llegué a desarrollar y que intentaré desarrollar algún día, aunque sea en historia escrita :D



Un hada :)







Daeron es un personaje elfo que tengo desde hace años también en la mocha :) Es más buena gente... Da muy poco ruido ^^



Bueno, y eso es todo, espero que estéis tan aburridos como yo para subir todo esto xD