jueves, junio 05, 2014
Ancha es Castilla
Para empezar, ya no estoy en Córdoba. Las cosas son complicadas, estoy de bajona, echo mucho de menos a A. y tengo una buena dosis de nostalgia y angustia mezcladas. Y ansiedad. Mucha, mucha ansiedad. Tanto que he empezado a buscar remedios naturales porque en fin, no estoy muy bien.
Es lo que tiene estar en este momento de mi vida y al mismo tiempo una especie de vacío, de acantilado, porque estoy en mi último año y me voy a sacar la carrera en nada y aquí sigo, de exámenes. Y a cada examen que hago me queda menos para terminar... Y tengo tal ansiedad que en un par de días he engordado dos kilos, porque es terminar de comer y ya estoy con ese agujero en el estómago.
Es un poco el miedo al qué va a pasar, al tengo que sacar esto, el tener que seguir adelante aunque uno queda quedarse un poco estancado. Es irónico que después de años de ver cómo mis amigos se mueven y yo seguía inmóvil en un punto de mi vida, ahora es la mía la que va a mil por hora.
Me voy de España. El destino no está fijado, pero me voy. Necesito irme, no hay nada que me llame aquí. El hecho de irme también me da un poco de miedo. Mis años como extranjera en Irlanda están vistos desde el cristal de Soy Erasmus Y La Estancia Me La Paga Papá, ahora será diferente. Ahora es cuando he de hacerme valer, tirar adelante con lo que sea, y demostrar lo fuerte que soy.
Irme siempre fue mi sueño, desde pequeña. Irme fuera, crear una familia en algún lugar recóndito. Pero claro, según mis planes infantiles yo habría terminado la carrera a los 21 o 23 y a estas alturas de mi vida yo sería una exitosa mujer con una carrera bien pagada y una pareja estable desde hace tiempo... xD A mí es que siempre me ha gustado hacer planes mentales. Planes mentales que son castillos de naipes construidos en nubes, así os lo digo.
De momento hay una familia cerca de Londres que está interesada en mí, y un par de familias irlandesas, entre ellas una monoparental que la madre es policía y viven en el condado de Kildare, a 40km de Dublín. Cosa que me parece estupendo y que me dan muchas ganas de que se decida por mí y allí que me vaya en Septiembre.
Es ahora mismo lo único que me ilusiona. Y eso me da fuerzas para sonreír.
jueves, mayo 01, 2014
The Childcatcher
A veces hay cosas que entierras dentro de ti, tan dentro que no las recuerdas. Detalles, texturas, sensaciones. Cosas que a veces reflotan con un toque o unas palabras, o una sonrisa.
Hay veces en que no sé hasta dónde llegan esos recuerdos. A veces tengo dudas de habérmelo inventado. A veces creo que estoy un poco loca, que son imaginaciones mías y que siempre he sido una fantasiosa algo macabra.
Luego de repente, años y años más tarde, te viene a la mente un par de cosas, y te joden la existencia.
Cómo me mola... (no).
Ojalá fuera de otra forma, una yo diferente, que les gustara más a los demás. Alguien más sociable, más interesante. Pero sólo soy una "nerd" que se pasa el día leyendo fanfics y cantando chorradas y con nada útil en el cerebro que a veces prefiere ese rincón apartado de la sociedad porque le da miedo encarar el mundo real.
lunes, agosto 26, 2013
Andare
Han pasado muchas cosas en este último mes, mes y medio, casi dos meses.
Entre otras...
Saqué esta foto en nochebuena. Me senté a su lado en la cena con toda la familia, y me dio un ataque de ansiedad. Se iba a morir antes de un año, lo supe con certeza en ese momento, y ni siquiera sabíamos que tenía cáncer.
Le empezaron a dar quimio en marzo, y nos dijeron que con el tratamiento viviría un año más, que si no en un mes o dos se nos iba a ir.
A finales de mes, con el siguiente tratamiento de quimio, empezó con diarrea... y bueno, él siempre tan cabezón, si le decías que comiera una cosa no lo hacía. Dejó de beber agua, dejó de comer... Y le dio una infección. Mi abuela y yo le regañábamos... hasta que un día no se quiso ya levantar de la cama. Tenía fiebre y llamamos a la ambulancia.
Cuando llegó al hospital a mi abuela le negaron con la cabeza. El abuelo no se iba a poner bien. Mejoró un poquito, le bajaron la fiebre, le pusieron suero... y lo ingresaron.
Dos días después me fui al hospital con la angustia de que mi abuelo no tenía ya mucho por delante y que lo último que le había estado diciendo habían sido reprimendas. Me recibió en su cama del hospital, pareció animarse al verme y tras ponerme la mascarilla y la bata (porque tenía una inmunodepresión de caballo) una enfermera me ayudó, como él pidió, a levantarse para sentarse en la cama. Y allí estuvo un rato hablando conmigo. Le dije que si entendía el por qué la abuela y yo lo habíamos regañado y él se disculpó también diciendo que últimamente es que cualquier cosa le daba mucho asco, estaba muy desganado.
Pasé una de las noches más horribles de mi vida, sin dormir, viendo respirar a mi abuelo, llamándo a las enfermeras cuando le daban náuseas o cuando necesitaba que le dieran más morfina, y escuchándole respirar, cagándome de miedo cuando dejaba de oírle. Por la mañana la doctora dijo que le iban a poner una sonda nasogástrica y yo en mi inocencia pensé que iban a empezar a darle de comer. Que iba a mejorar.
Mi padre se fue al día siguiente al hospital y la doctora pidió que se reunieran todos los hijos, que le iban a quitar la medicación a mi abuelo porque estaba echando bilis por la boca y por la nariz. Cuando llegaron todos, lo sedaron... y supongo que se despidió de mi tía aquél día a las siete de la madrugada, cuando ella andaba cabeceando y le miró, y vio que la miraba... y que luego se le fueron los ojos. Al menos estaba sedado. Al menos no sufrió.
Pero ahí queda la historia de aquel hombre que siempre tuvo un cigarro en la boca. Un hombre que se pasó toda la vida trabajando, ganando cada peseta por sus hijos, que se desvivía por sus nietos, que se interesaba por sus vecinos, que tenía esa risa sincera y desdentada, esas manos grandes y gruesas por la acromegalia y ese rostro amable.
Lo ví, o creo haberlo visto, al lado de mi abuela en el tanatorio, mientras ella salía para tomar un poco el aire. Lo vi caminando a su lado, apoyándola. Durante un momento pensé que era mi tío, pero no, era más delgado que mi tío y andaba con un paso firme, muy diferente a su forma de andar de unos años para acá.
Se lo he contado hoy a mi tía y se ha echado a llorar.
Mi abuelo ha pasado 52 años enamorado de la misma mujer, y no iba a dejarla cuando más lo necesitaba.
Te voy a querer siempre, abuelito.
domingo, junio 16, 2013
Calles vacías
Ayer salí. Y conocí gente, y me lo pasé de putísima madre. Pero no paraba de mirar el móvil. Me faltaba la sonrisa de alguien entre todas esas caras nuevas.
Vuelvo a Córdoba el sábado por menos de veinticuatro horas. Y quisiera que el tiempo se parase.
Cambiando de tercio, voy a ver si sigo con los apuntes que mañana tengo Literatura Española VI y ya hasta el jueves nada. Los que andeis por aquí, echadme un toque, que quiero tomarme un cafelillo con vosotros.
martes, junio 11, 2013
Granada, tierra soñada
lunes, marzo 18, 2013
Bandera a media asta.
jueves, octubre 06, 2011
Poco más puedo decir. El sueño de seis meses se ha acabado. Ahora vuelvo a mi camino de una sola persona.
Pero sé que no estoy sola. Gracias.
jueves, septiembre 01, 2011
Vida
Al final no fui al médico. Hoy me siento bastante mejor. Puedo respirar casi normalmente y mi garganta no duele como mil demonios. Y no está esa sensación rara cuando respiro, como si escociera. Y ya no tengo fiebre.
Ahora es momento de empezar a juntar cosas y hacer las maletas. Me voy el sábado.
Estar enferma y sentirse triste es lo más horrible del mundo. Estar en el pueblo siempre me deprime, quiero decir, en serio, y ya se me está haciendo cuestarriba. Quiero irme. Quiero un abrazo. Quiero poder hablar sin miedo o ansiedad sobre lo que puedo, o no puedo decir.
Sólo quiero un puto abrazo.
Esta noche he soñado que me mudaba. Me mudaba al mismo sitio que el año pasado. Y encontramos a mi casera y mi madre le dijo lo que yo pensaba de ella ¬¬ Y una de las chicas que vivían allí era aquella hija de puta de mi primer año de carrera. Pero no era el sito al que me mudaba. Uno de mis compas era una versión joven de Jensen Ackles que estaba como un cencerro. Y molaba un huevo.
Anoche lo invertí en llorar. Quiero irme. Quiero irme y tener una vida y socializar y levantarme temprano para ir a clase. Mayormente lloré porque lo necesitaba. He estado aquí mes y medio, y eso es mucho más del tiempo que puedo soportar sin que empiecen a volverme loca (dos semanas). Discusiones con mis vecinos, ergo con mi madre; mi padre diciéndome cómo tengo que vivir. Sin amigos. Porque tratar de quedar durante este mes y medio con la gente y que simplemente te ignore, aunque sea para echar un café, desmoraliza. Estoy cansada de tratar de que la gente me hable, cuando se nota a leguas que no quieren. Me hace sentirme mucho peor.
Así que he tenido que quedar con mi ex. Es un buen amigo, pero está chalado. Por eso no me sentí demasiado mal cuando lo nuestro se acabó. Porque está ido de la olla.
Y yo me siento sola aquí. Sólo quiero irme a Granada y volver a tener una vida.
sábado, marzo 19, 2011
Hurt
Muy, muy mal momento.
Cuando el destino te pilla con los pantalones bajados y te apuñala, te sientes traicionado. Traicionado por la vida. No es tu culpa. No es culpa de nadie.
Pero te sientes culpable. "Debería hacer algo", piensas, "Debería haber hecho algo". Pero no lo hiciste, y ahora te carcome el alma, te devora la mente y te mata por dentro. Es un veneno. Es ácido, y corre y se diluye a través de tus venas e infecta cada célula.
Y quieres hacer algo para borrarlo. Quieres arreglarlo y no puedes. Ya está hecho. El ojo por ojo no vale. Sabes que no funcionaría. Sabes que no es lo mismo. Sabes que nadie te devolverá aquello que perdiste.
Te quedas sorda. Y ciega. Tus dedos ya no sienten, has perdido el tacto en todo tu cuerpo y tus tripas se revuelven, gritando. Tu garganta quiere gritar. Quieres dar patadas a las paredes. Quieres arañar las puertas. Quieres sacarle los ojos. Quieres reventarle la columna. Quieres que te lo devuelva.
Pero eso no se recupera. Nunca se recupera. Siempre está ahí, una herida que no cierra, una infección que nunca cura del todo. Que duele y supura cuando crees que ha cicatrizado.
¿De qué sirve contarlo? ¿Sirve? Quizá sí. Quizá no. Cuando la gente que aprecias te mira pensando que hay algo muy mal en ti, a veces piensas que es mejor contarlo. Otras veces es mejor cerrar la boca. Pero, ¿quién es la persona correcta? No lo sabes. Tienes que arriesgarte. Y enseñar la herida. A veces ofrecen una tirita. Te ponen una venda. Te cuidan, esperando que se cure. No se curará, pero al menos esperas hasta que deje de sangrar, y entonces abres bien las ventanas y te asomas, inclinándote sobre ella, como retando a la fuerza de la gravedad. A ver si puedes conmigo. Y te sientes invencible.
No lo eres. Sólo eres una pieza de porcelana remendada con pegamento de segunda.
lunes, octubre 25, 2010
Rage
Ojalá un día de estos te lleves una buena hostia, a ver si se te quitan las gilipolleces, que es hora de que crezcas un poco.
lunes, septiembre 27, 2010
domingo, agosto 01, 2010
Letter to a Gone Friend
Yo creía que podía confiar en tí, que nunca me ibas a faltar, y cada vez que te hablo tus palabras me resultan vacías.
Nunca te he obligado a nada. Sé que tienes una vida aparte de mi y me encanta y la respeto.
Ahora veo que nunca fue recíproco. Y me siento traicionada, pero no puedo hacer nada por arreglarlo, porque no puedo arreglarte a ti.
¿Y sabes qué? Que no soy un perrito faldero. Tengo más amigos y hay mucha gente genial ahí fuera aún por conocer.
Lo único que quiero que sepas es que no te voy a echar de menos.
sábado, julio 24, 2010
Decepción
Sácate el puñal, que no te lo han clavado en la espalda, lo han hecho arrimándose a ti de frente y clavándotelo cuando menos te lo esperabas. En todo el corazón.
Supongo que esto tardará en sanar.